Fuckup night, errores que inspiran a emprender

Una bailaora comprometida con la enseñanza. Un surfista enamorado de su país y un hombre de números y negocios. Todos emprendedores. Todos exitosos. Murmullos y risas en la habitación le sirven de cortina. Impact Hub Caracas está repleta de personas que vieron a escucharlos. Quieren conocer sus historias. Sus errores. Sí, errores. Porque contrario a lo que se puede creer, meter la pata es una oportunidad de crecimiento.

 “Vivir en Venezuela puede ser como estar rodeado de fuckup night… Pero son oportunidades para aprender”. Inicia la primera ponencia. Gerhard Weil habla de su vida. Su experiencia como exvinotinto del surf lo llevó a recorrer el mundo. Ola tras ola. Costa tras costa. Uno a uno se iban sumando países a su pasaporte. Había alcanzado el sueño. Su pasión se había convertido en su profesión.

Gerhard necesitó acumular fotografías para ver que le faltaba la más importante: la del Salto Ángel. Durante años recorrió el mundo pero nunca conoció su país. ¿Lo más grave? Olvidó por qué comenzó. Porque lo hizo todo en un inicio.

Así que regresa a Venezuela. Viaja a la Gran Sabana y en medio de tobogán  natural tiene una epifanía que le dice ¿qué estás haciendo con tu vida? Ve por lo que quieres. Funda Go and Flow Project. La frustración fue su generador. «Ir hacia atrás para agarrar el impulso». Emprendió con responsabilidad en lo que hacía. Utilizó su propósito como vinculación con la comunidad.

Tener talento para algo no significa que sé es bueno para eso. En el 2006 Gaby Alfonzo funda su academia de baile. Pero siempre se vio a sí misma como una empresaria. Así que estudia comunicación social y funda Stratego comunicaciones. Estaba logrando todo lo que quería. Su carrera y su empresa crecían sin parar. Sin embargo, no se sentía motivaba, no conectaba con lo que le pasaba.

Había dedicado años a pensar en la forma en lugar del fondo. Había construido su vida pensando en eso. Cumplió el capricho de tener un negocio aun cuando sabía desde el principio cual era la respuesta: bailar.

Comenzó a moverse al ritmo de un propósito. Acepto su vocación de servicio y el sentirse realizada al conectar con los demás desde el baile. «Me volvía a parar y baile». Así fundo Yo bailo por la vida, una organización que promueve la danza como vinculo de transformación social.

Ocho. Cuatro. Dos. Ese fue el número de años que Luis Vicente García duró en cada trabajo antes de decidir emprender. Cada vez los jefes se le quemaban más rápido. Cada vez llegaba al tope con mayor rapidez.

Un día se descubrió sentado en el trabajo que siempre había soñado en una multinacional. El puesto para el que se había preparado. Solamente estando ahí, en ese escritorio, logró ver que ese lugar no respondía a quien era, ni a lo que quería ser.

Enfrentarse a la pregunta qué debo hacer le permitió ver que en la vida estudias cosas que no te sirven para nada. Dejas otras que si vas a necesitar. Pero de igual forma vas avanzando en un camino aunque tal vez no te das cuenta.

Para Luis Vicente no se regresa al pasado. Emprender es comenzar a construir desde el hoy. Es ver qué más puedes hacer. De qué manera ayudar a otros. Es atreverte a hacer cosas que nunca has hecho. Incluso  una Venezuela como esta puede ser el mejor escenario para esto, porque que te lleva todos los días a hacer cosas que nunca has realizado.

Aunque lo más difícil de emprender es levantar tú mismo el 15 y el 30 de cada mes. En algún momento, sin darte cuenta, pasas de preguntarte qué hice al por qué no lo hice antes.